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La aplicación de los tratados de paz, 1919-1924 - Parte 1 |
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| Los
problemas derivados de la aplicación de los tratados de paz
Los tratados firmados tras la Conferencia de París no sirvieron para crear un marco de estabilidad internacional. En un contexto de graves dificultades económicas, la situación política mundial se caracterizó por la existencia de múltiples conflictos pendientes, la dificultad en la aplicación de los tratados y la segura aparición de importantes tensiones internacionales. El nacimiento de la Sociedad de Naciones La Sociedad de Naciones (SdN), el sueño del
presidente norteamericano, Woodrow
Wilson, nació en la Conferencia
de París. Por primera vez en la historia se concretaba algo que muchos
pensadores anteriores habían anhelado: una suerte de gran instancia
internacional en la que se discutieran los grandes problemas y se
solventaran pacíficamente los conflictos. Por fin, los principales
países del planeta se habían puesto de acuerdo para crear una Sociedad
que tuviera como fin resolver los contenciosos entre los estados.
El artículo 10 era la clave de todo el edificio:
Muy pronto, sin embargo, se vino abajo el sueño. La SdN tomó pronto el aspecto de una sociedad de vencedores: a la negativa a aceptar el ingreso de Alemania y la Rusia soviética, se le unió la renuncia norteamericana a participar en el gran proyecto que había diseñado su presidente. Sólo Gran Bretaña y Francia se mantuvieron en una asociación que se reveló como inoperante. La ausencia de potencias clave en el concierto mundial y la carencia de medios militares y económicos para hacer aplicar sus resoluciones nos explican la escasa incidencia de la labor de la SdN en las relaciones internacionales. Las grandes cuestiones por resolver: Las tensiones en los territorios del antiguo Imperio Austro-Húngaro La ruptura y desintegración del más antiguo imperio europeo tenía que venir acompañada de fuertes tensiones entre los países que heredaron su territorio. Veamos, sin ánimo exhaustivo, algunos ejemplos. La pugna italo-yugoslava por los territorios del norte del Adriático Es un buen ejemplo para mostrar la enredada madeja de compromisos previos y principios políticos generales en la que se basó el debate en la Conferencia de París. En el Tratado de Londres (1915) a Italia se le había prometido la anexión de la península de Istria, al norte del Adriático. Estas pretensiones, sin embargo, chocaban con el respeto al principio de las nacionalidades defendido por Wilson. El presidente norteamericano, con el apoyo de las autoridades yugoslavas, propuso una línea fronteriza, la línea Wilson, que dejaba todo el sureste de Istria en manos de Belgrado. La indignación que despertó en Italia la nueva situación llevó a que la delegación transalpina abandonara la Conferencia de París durante dos semanas (del 24 de abril al 7 de mayo de 1919). El 12 de septiembre, complicando aún más la situación, el poeta nacionalista italiano Gabriele D'Annunzio ocupaba con un grupo de voluntarios el puerto de Fiume (actual ciudad de Rijeka en Croacia). La complicada situación se resolvió finalmente con la firma del Tratado de Rapallo (1920). Ni los italianos, que renunciaban a la anhelada región de Dalmacia continental, ni los yugoslavos, que veían la nueva frontera entre ambos estados desplazado al este de la Línea Wilson, salieron contentos del arreglo. D'Annunzio fue finalmente desalojado del Fiume por tropas italianas que ocuparon la ciudad. Fiume fue declarada ciudad independiente Esta crisis mostró claramente el descontento nacionalista que se desarrolló en Italia tras el conflicto. Apoyándose en este sentimiento, Benito Mussolini lanzará su desafío al estado liberal italiano y alcanzará el poder en 1922. Bajo la presión del gobierno fascista, Yugoslavia cedió finalmente reconociendo la soberanía italiana en Fiume. Un nuevo tratado italo-yugoslavo se firmó en Roma en 1924. La lucha entre Polonia y Checoslovaquia por el territorio de Teschen Rica región industrial, Teschen enfrentó a los nuevos estados polaco y checoslovaco tras la primera guerra mundial. Los polacos reclamaron el territorio basándose en el principio de las nacionalidades (55% de polacos, 27% de checos y 18% de alemanes), mientras que el gobierno de Praga basó su reivindicación en la pertenencia histórica del territorio a Bohemia. En noviembre de 1919, los ejércitos de ambos países entraron en el territorio, procediéndose a una división provisional que favoreció a Checoslovaquia y que terminó por hacerse definitiva. Hungría fue, sin lugar a dudas, uno de los grandes perdedores de la Gran Guerra. Proclamada la república de Hungría, el 16 de noviembre de 1918, dos tercios del territorio húngaro fueron ocupados por tropas serbias, checas y rumanas. El caos de la derrota propició la efímera revolución comunista de Béla Kun (marzo 1918). El terror implantado por la república soviética provocó el antagonismo de gran parte de la población. Finalmente, el 4 de agosto, Béla Kun y sus seguidores abandonaron Budapest ante la llegada de un ejército rumano, que ocupó la ciudad dos días más tarde. Las presiones aliadas consiguieron que los rumanos abandonaran la capital y finalmente se instituyó un gobierno dirigido por el almirante Miklós Horthy, quién se vió forzado a firmar el durísimo Tratado de Trianon en junio de 1920. Hungría quedó reducida a un pequeño estado de 92.000 kilómetros cuadrados y millones de húngaros quedaron fuera de sus fronteras en Checoslovaquia, la Transilvania rumana o Yugoslavia. Un experto en temas húngaros, el británico C.A. Macartney afirmaba en 1937:
El gobierno de Horthy intentó restaurar como Rey de Hungría al antiguo emperador Carlos Habsburgo a la vez que trataba de conseguir una revisión de las fronteras establecidas en el Tratado de Trianon. La reacción de los países afectados fue inmediata: en agosto de 1920 se constituyó la Pequeña Entente. Checoslovaquia, Yugoslavia y Rumanía firmaron un pacto defensivo contra las aspiraciones húngaras de revisar los tratados de paz. Tras algunas dudas, Francia brindó su apoyo a la nueva alianza. La política de alianzas de Francia e Italia en la Europa central Francia, siempre ante la perspectiva de la amenaza alemana, buscó establecer una red de alianzas con los nuevos países surgidos entre Alemania y Rusia. Se trataba de buscar aliados que rodearan a una Alemania que ansiaba revisar el Tratado de Versalles. Es evidente que la gran alianza franco-rusa de 1893 estaba implícita en las maniobras de la diplomacia gala. No obstante, Francia pronto se apercibió de que había dos grandes diferencias con respecto a las alianzas previas a la Gran Guerra: por un lado, ninguno de los nuevos países tenía un potencia comparable a Rusia, por otro, estos nuevos países estaban enfrentados entre sí por múltiples conflictos de tipo nacionalista. Pese a todas las dificultades, Francia, por medio de su ministro de asuntos exteriores, Berthelot, firmó un tratado de alianza con la Polonia de Pilsudski en 1921. La alianza implicaba un tratado secreto militar contra Alemania. En 1924, el gobierno francés amplió sus alianzas a Checoslovaquia, lo que indirectamente le ligaba a la Pequeña Entente nacida en 1920. Pese a sus intentos de conciliar a sus dos nuevos aliados, el conflicto de Teschen impidió una alianza entre Varsovia y Praga. Mientras tanto, Italia vencedora en la guerra pero descontenta con los tratados, establece una red de acuerdos diplomáticos con los países de la Europa danubiana perdedores en la guerra y descontentos con el statu quo. Roma firma acuerdos con Hungría, Austria, Bulgaria y Albania. Podríamos resumir la situación de la siguiente manera: mientras que Gran Bretaña se mantiene al margen de estas alianzas orientales en las que no tiene ningún interés especial, Francia, buscando mayor seguridad contra Alemania, busca aliados entre los países satisfechos con la nueva situación creada tras la guerra. Por el contrario, Italia, quejosa por la situación surgida de la Conferencia de París, trató de establecer acuerdos con los países descontentos. |
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Juan Carlos Ocaña
Profesor de Geografía e Historia
I.E.S. Parque de Lisboa
Alcorcón (Madrid)
Última actualización: 5 de mayo del 2002