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LA PUJANZA DE LAS LETRAS FRENTE A LAS ARMAS EN LA NOBLEZA DE LA ESPAÑA DE LOS AUSTRIAS

Carmen Mª Cremades Griñán

Aparecido por primera vez en Miscelánea Medieval Murciana. Vol. XIX-XX. Años 1995-1996. Págs. 55-66

RESUMÉ
La noblesse est, á la fois, de naissance, militaire, féodale, et elle donne son esprit á toute la société.Tout cece rapelle étonnamment le Moyen-Age. Le dédain des professions autres que la militaire vient du temps où les invasions, l'affaiblissement du poivoir supreme, l'insécurité perpétuelle, avaient fait du soldat l’homme nécesssaire, et les périodes de paix n'avaient jamais été depuis assez longues, la force de l’Etat assez grande por faire oublier que les biens les plus précieux, dont tous les autres dépendent, sont l'indépendance et la sureté, ni tout ce que chacun doit à ceux qui garantissent.Le caractère honorable de l’exploitation du sol por l’entretien personnel rapelle le temps où la monnaie était rare et où l’homme d'armes recevait en fief, pour assurer son existence, un morceau de terre.

L’idée de race, sans doute la constatation de la supériorité que l'exercice des armes das le jeune age, l’exemple domestique, la tradition, peut-etre aussi des aptitudes morales et physiques acquises et transmises par hérédité, donnaient habituellement, dans l'ensemble, à la postérité des nobles

"Y así conviene que con las artes liberales se domestique y adorne la sciencia política", factor crucial que marca una notable distinción con los movimientos bélicos de la Edad Media y los siglos XVI y XVII. De esta forma el espíritu humanístico impregna la sociedad y es aplicado vivamente por la élite socio-política, lo que favorecería el establecimiento de dos polos antagónicos que se repelen: de un lado el avance del pueblo con una tendencia hacia las lenguas locales, marginando el latín y estudios clásicos y por otro lado los centros financieros y aristocráticos donde el gusto por los clásicos predomina y surge la figura del patricio, alejando ó despreciando al plebeyo.

Reflejos que se perciben en los poemas épicos, y alcanzan su plenitud en el Quijote, cotidianidad combinada con el espíritu de la caballería (J. Marías, 27). Reflejos que se observan en el ánimo para la lectura, las armas y desprecio hacia las mismas; locura frente cordura. Constantes que han movido las directrices de un pueblo durante siglos.

El eclipse de la vocación guerrera de la nobleza, favoreció las múltiples oportunidades de la vida dedicada al ocio, legado humanístico y cultivo de la educación. "Quien no tenía vocación personal por las letras había por lo menos, heredado libros y obras de arte, tenía que alternar con personas instruidas ... según costumbre satisfacía su vanidad costeando la impresión de un libro, en cuya pomposa dedicatoria se exaltaba en términos ditirámbicos su estirpe..." (Domínguez Ortiz, A., 162)

Frente a la sobriedad, austeridad y asceticismo del reinado de Felipe II, la vida en la sociedad española de los Austrias menores fue mucho más animada. En todos los campos de la cultura hubo una fase de enorme florecimiento que superó a la anterior. La relativa retracción que podía percibiese en la acción bélica de España, no coincidía con la expansión del pensamiento, literatura y el arte; se desarrollaba una vida más dinámica, socialmente más abierta y libre, con alto florecimiento literario y artístico. El mayor esplendor en estos dominios correspondió a la época de Felipe II y se prolongó durante todo el reinado de Felipe IV. Tras la edición del Lazarillo de Tormes, no se publicó ninguna novela picaresca en la segunda mitad del XVI, coincidiendo con el gobierno de Felipe II. Posteriormente, aparecieron Guzmán de Alfarache y el Buscón.. Toda la vida literaria de Cervantes se concentró entre 1605 y 1616, fue un hombre que vivió en tiempo de Felipe II, pero fue un escritor de la época de Felipe III. Para Julián Marías esta segunda etapa constituiría "la dilatación de la vida". La vida española se dilata y a la vez tiene menos tensión. Cervantes, como miembro activo de la sociedad de finales del reinado de Felipe II absorbió intensamente la realidad cotidiana de estos momentos, en que España, verdaderamente apasionada, estaba en todas partes y se afanaba por todo. Fue una época, según Marías de expresión. La vida de Cervantes refleja esta coyuntura: la absorción de realidad durante la primera parte de su vida, la expresión a la que dedica sus últimos años, y que va a ser la casi totalidad de su obra. La obra de Cervantes se engendró en los momentos de inicio de decadencia política y financiera y se expresó en la fase de debilitamiento europeo.

El cambio de mentalidad de la clase nobiliario supuso una crítica severa en las obras literarias "Las viejas armas que hay en su casa están tomadas de orín"(El Quijote), "e tienen las armas guarnidas de oryn/ préçianse muchos de rropas brosladas/ e porque no tengan arcas despobladas/ esconden la doble, guardan el florín" comenta Villasandino. Sin embargo, alguna parte de este estamento nobiliario, compraba libros y los leía

Durante la primera parte de la centuria del seiscientos, escribieron y publicaron Quevedo y Góngora y se representaron obras de Lope de Vega, y Tirso de Molina. Fue también la época de madurez del Greco, llegado a España durante la construcción del Escorial, para el cual pintó San Mauricio, que no fue valorado positivamente por Felipe II.

Las obras dramáticas alcanzaron las más altas cimas del arte con las que el teatro español inauguraba una gran etapa que iba a ser prolongada más allá de la segunda mitad del siglo gracias a las obras de Calderón. Es importante remarcar la labor intersocial del drama, comedia ó tragedias¡ bien los teatros eran construidos para entretenimiento de los príncipes y su corte, los públicos iban adquiriendo una asistencia variada y una notable presencia de mujeres. Había coincidencias entre los teatros públicos de Londres y los de Madrid fundados a finales del siglo XVI, como el Corral de la Cruz (1579) y el Corral del Príncipe (1582). Sin embargo, en España no desempeñó el mismo papel preponderante que en la vida social de Londres.

Las piezas se escribían en lengua vernáculo, principalmente, pero no hay que subestimar la importancia de obras dramáticas que se escribían y representaban en latín. En los países católicos, desde España a Polonia, las órdenes religiosas dedicadas a la enseñanza, y especialmente los jesuitas, usaban de forma deliberada las representaciones teatrales de los colegios con propósitos educativos y propagandísticos. Si el lenguaje cuidado y culto iba dirigido a unos espectadores instruidos, el gran énfasis puesto en los efectos especiales, en la música y en la danza e incluso en los entremeses pretendía captar círculos mucho más amplios que abarcaban desde cortesanos y aristócratas de ambos sexos hasta burgueses e incluso villanos. Muchos espectadores que no eran nobles, eran burgueses acomodados, como comerciantes 6 gente de leyes, otros escritores 6 aspirantes a escritores, y en general gente de un nivel de formación parecida.

Los teatros de Madrid siguieron a lo largo de este periodo atrayendo espectadores de todas las clases sociales. Felipe IV, que tenía pasión por el teatro y por las actrices, tenía un aposento (palco) especial en cada uno de los teatros públicos y a los cuales iba de incógnito. El clero tenía reservadas localidades en los teatros. Los espectadores más distinguidos, tanto hombres como mujeres, seguían las representaciones tras las celosías de las casas circundantes al patio donde se levantaba el escenario; una zona de la parte de atrás estaba reservada a las mujeres, la llamada cazuela y la parte posterior del patio a los hombres que permanecían de pie.

A lo largo de la década de los cuarenta a cincuenta del seiscientos que engloba las obras maestras de Lope de Vega y Calderón se encuentra una infinita variedad de interacciones entre teatro y sociedad. En todos los países europeos, el pequeño mundo del teatro refleja en alguna forma lo que sucedía en el mundo exterior. Ya fuese dominado por la corte ó se orientase hacia círculos más amplios de la sociedad, el teatro, la farsa, el ballet y la ópera muestran como en un espejo las aspiraciones, los temores y sufrimientos de una época dominada por guerras entre países y guerras civiles sirviendo de válvula de escape a las preocupaciones y angustias de la vida cotidiana, gracias al brillo de unas representaciones en las que lo exagerado y lo grotesco eran características señaladas.Desde un punto de vista teórico, el noble era el elemento más puro y honesto de la sociedad. Muchos tratadistas de la época sobre la nobleza, en especial los que dirigen sus obras hacia la cuestión de la educación de los nobles, coinciden en señalar que debe aparecer ante sus contemporáneos como el compendio de todas las virtudes humanas (Piccolomini, A., 1577).

La persistencia de los más puros valores nobiliarios es un hecho que cubre todo estudio sociológico de las elites de los siglos XVI y XVII. "De lo humano aprenda lo necesario para saber conservar y aumentar sus utilidades y sus honras, para descubrir la ignorancia y apreciar la sabiduría, para no ser engañado del lisonjero solista ni aborrecido ó desestimado del verdadero sabio..." (Lope de Vega, 10). Por eso se da mucha importancia a que el maestro de un noble tiene que dar a éste en su niñez y juventud una formación completa para que con este tipo de enseñanzas integrales pueda llevar siempre una vida recta huyendo de todo lo degradante del ser humano.(López de Montoya, cap. XII).

" Que sus juguetes sean libros y armas",más preocupado por la crianza " de un príncipe desde la cuna hasta la tumba' se mostraba Saavedra Fajardo y para ello dedicó sus emblemáticas Empresas. Esta buena educación es más necesaria en los príncipes que en los demás, porque son instrumentos de la felicidad política y de salud pública (Saavedra Fajardo, Empresa U). Para mandar es menester sciencia, insiste Saavedra y continua en la Empresa IV " en la planta de un edificio trabaja el ingenio; en la fábrica, la mano. El mando es estudioso y perspicaz; la obediencia, casi siempre ruda y ciega". La vida es maestra y debe reflejar vivencias o actos heroicos por medio del arte y, para conseguir ese medio didáctico, Saavedra Fajardo incita a que las estatuas y pinturas fomenten "en el pecho del príncipe gloriosa emulación"(Empresa, 11): "Escriba el pincel en los lienzos, el buril en los bronces y el cincel en los mármoles los hechos heroicos de sus antepasados, que lea a todas horas, porque tales estatuas y pinturas son fragmentos de historia siempre presentes a los ojos". Cuidado especial merece esta puntualización descrita por el autor de las Empresas.

La atracción hacia la lectura podía conducir a efectos negativos, del mismo modo que el cultivo exagerado a las letras y ciencias. Muestra de ello es la locura mantenido y desarrollada por el Quijote. Las palabras que pone Cervantes en boca de su personaje en el momento que despierta del profundo sueño indican la necesidad de una selección de libros que favorezcan la formación del alma: "Yo tengo juicio ya, libre y claro, sin las sombras caliginosas de la ignorancia, que sobre él me pusieron mi amarga y continua leyenda de los detestables libros de caballerías. Ya conozco sus disparates y sus embelecos y no me pesa sino que este desengaño ha llegado tan tarde que no me deja tiempo para hacer, alguna recompensa, leyendo otros que sean luz de mi alma'.

La enseñanza intelectual de las letras el conocimiento de diversas lenguas es muy necesario en el príncipe, porque el oír por su intérprete ó leer traducciones está sujeto a engaños á a que la verdad pierda fuerza y energía, "y es gran desconsuelo del vasallo que no le entienda quien ha de consolar su necesidad, deshacer sus agravios y premiar sus servicios" la retórica-"un príncipe que ha menester que otro hable por él, más es estatua de la majestad que príncipe "la poética "es la poesía tan familiar en las cortes y palacios y hace cortesanos y apacibles los ánimos", la filosofía, la historia, e incluso las ciencias (las matemáticas, la cosmografía, la geometría, la astronomía), y la física de las armas, los caballos, etc. deben formar parte de la educación del noble tema al que dan mucha importancia los escritores de la época en contraste con la educación del hombre plebeyo de una manera lo más completa y elevada posible, como medio conducente a aquel objetivo de orden moral.

Lope de Vega manifiesta esta amplia formación humanística para lograr un perfecto señor: "Tenga en primer lugar, conocimiento de lo más pulido de su lengua.(..) alcance de la lengua latina y de la toscana (... ) lo que le baste para entender bien los libros considerables escritos en ellas (... ). A la noticia de lo que llaman letras humanas, se aplique con curiosidad. No tanto a la parte crítica ( ... ) cuanto a la elección de los ritos, gobierno y costumbres antiguas (... ) de la retórica y poética estudie lo que pueda hacer un cortesano ( ... ) Luego subiendo a cosas mayores, ponga mayor cuidado en entender y resolver los libros (... ) de los filósofos (... ) Lea frecuentemente los políticos e historiadores ( ... ). de las matemáticas, ni sea ignorante ni trabaje por ser muy científico en todas sus partes. En la astrología no hay para qué afectar tanta noticia, que divirtiéndole en lo curioso (... ) le haga descuidar de los precipicios de la tierra (... ). De la cosmografía, geometría y astronomía conviene hacer más caso" (Lope de Vega, A., 10 y ss.).

Pero no sólo interviene como causa de esta preocupación la importancia de la formación del noble para desenvolverse con diligencia en el esperanzador futuro que le estaba aguardando. Ante todo, su educación le debía preparar para comportarse de acuerdo a su rango. Uno de los elementos de este comportamiento es que teóricamente debía ser el modelo a imitar. Sus acciones tenían que ser ejemplos de los más 66 nobles" comportamientos humanos. A ello estaba obligado por el honor del que está revestido y por el ejemplo de sus antepasados.

La nobleza debe encarnar, pues, los mejores valores de la sociedad. Desde esta perspectiva no nos puede extrañar que el valor supremo de orden moral, la religión llegue a estar muy relacionado con los nobles como miembros de la minoría de poderosos. El modo de vida ante todo religiosos que debían manifestar los caballeros de hábito y comendadores de las órdenes militares, es una buena muestra de esa suposición de que debían ser los garantes de las mejores costumbres. " Porque de ordinario y por la mayor parte , los nobles caballeros hijosdalgo, tienen todas las virtudes , así morales como teologales( ... ) Y así por esta razón estimamos mucho a los nobles, porque confiamos de ellos han de imitar el valor, y seguir la virtud de sus ascendientes..." (Moreno de Vargas, B. fol 52, r).


A lo largo del siglo XVI se fue incrementando la tendencia al cultivo de las actividades intelectuales por parte de gran parte de la nobleza (Domínguez Ortíz, 161). En Cataluña algunos monasterios tenían una sección dedicada a la formación de los vástagos de las buenas familias; hacia 1560 los monjes de Montserrat contaban entre sus alumnos apellidos tan ilustres como Requesens, Monrodón, Erill, Pinós o Queralt además de los hijos de varios ciudadanos honrados de Barcelona.

La razón principal de esta tendencia no es otra que la facultad que indudablemente poseían de disfrutar de las mejores oportunidades. El verdadero monopolio que llegaron a detentar en los colegios mayores , verdaderos reductos exclusivistas de la formación de la clase nobiliario (Hernández Franco, 77), les permitió acceder a los más altos puestos de la administración y la Iglesia como auténticos profesionales especializados. Con unos claros objetivos educativos selectivos para los primogénitos de las grandes casas fundó la Compañía de Jesús el Colegio Imperial de Madrid, reinando Felipe IV. Los segundones solían ir a las universidades "que por no ser señores de sus casas han menester valerse de las letras para comer"(Domínguez Ortiz, 163). No hay que olvidar que la afición por las letras constatada en numerosos grandes señores del Renacimiento español produjo reconocidos talentos literarios   . ..... muchos no se determinan en dar la sentencia... cuál de estas dos partes de honra tiene más lugar, las armas ó las letras..." (Isaba, M. de , 103), polémica que subraya algún autor de la época afirmando con bastante sagacidad "que también en las palabras hay armas" (etiam in verbis armas esse, Erycio Puteano, en Introducción a Idea de un príncipe cristiano ... 162).

Hay un árbol genealógico privilegiado en que se puede descender, por líneas de parentesco cercano, desde el canciller Ayala hasta Jorge Manrique, pasando por el Marqués de Santillana y Fernán Pérez de Guzmán. Se dieron variadas relaciones de mecenazgo: caballeros poetas no muy encumbrados y apareció el tipo de erudito de salón, corno Juan de Mena, al parecer de extracción "media", pero que pudo llegar a ser amigo del privado don Alvaro de Luna., (entre otros Garcilaso de la Vega, Diego Hurtado de Mendoza, Juan de Tassis, Bemardino de Mendoza, etc.) y grandes adeptos por la cultura corno el primer Marqués de Tarifa -humanista y famoso coleccionista de antigüedades- ó Don Fernando Afán de Ribera que reunía bajo su amparo a un distinguido círculo cultural.

La figura por excelencia que reúne las condiciones humanistas es el primer marqués de Santillana. promovió la traducción de clásicos como la Ilíada, el Fedón, la Eneida, las Metamorfosis, algunas tragedias de Séneca, Cicerón, la Divina Comedia y el Boccaccio latino. Su muerte fue llorada por Gómez Manrique en su Planto, en el predomina el verso repetitivo de ¿dónde están?, base para las Coplas de su sobrino Jorge.

Esta última faceta, común a una gran parte de la alta nobleza europea, nos proporciona el segundo aspecto positivo del estamento nobiliario: el mecenazgo. Es bastante notorio que esta tendencia de índole cultural, característica fundamental del Renacimiento, fuese llevada hasta sus últimas consecuencias por magnates españoles. De su decidido amparo y protección hacia escritores y artistas nos dan suficientes muestras los prólogos a numerosas obras literarias de autores de reconocida fama universal. Sin desmerecer su loable labor, hay que destacar el generalizado afán de Grandes y Títulos por deslumbrar con su magnificencia a sus contemporáneos.

Constancia de ello son los innumerables escritos más ó menos históricos, elogiosos o falseados que constituyeron las crónicas históricas. Estas fueron una mina de interesante lectura desde el siglo XV y en las cuales se desprende la evolución de ese enfrentamiento, citado anteriormente, entre la sencillez medieval y la elocuencia humanística. Se fue pasando de la crónica de tipo alfonsí -recopilaciones impersonales de sucesos que importan a la realeza la historia como "galería de retratos", enfrentamiento de grandes hombres y caídas de príncipes , hasta llegar a un complejo sentido de la historia como centrada en alguna figura carismática, con lo cual se deja ver una vida común y sucesos menudos, bajo la creciente concepción de la historia como totalidad unidad.

Unos y otros se disputaban el honor de poder rodearse de los mejores poetas y artistas. No es de extrañar que sus grandes mansiones se convirtieran en ocasiones en auténticos núcleos de actividades intelectuales del más alto nivel y alguno de sus propietarios hicieran sus pequeños pinitos como pintores, escritores y bibliófilos (Pike, 125 y ss.).

Por otra parte están las obras impresas que hacen referencia a la nobleza y que son numerosas. Libros elogiosos que ocultaban la parte negativa de los personajes nobiliarios y que nos ofrecen una riqueza de datos sobre operaciones financieras, mentalidad y costumbres. Frente a éstos, los llamados libros verdes se ocupan, casi exclusivamente de sacar a la luz pública todo los aspectos negativos de las familias nobiliarias. Entre todos el más conocido y divulgado es el Tizón de la nobleza

En la segunda mitad del siglo XVII floreció en Cataluña un nuevo género literario, las oraciones fúnebres, destinado a perpetuar la memoria de los aristócratas más prominentes.

La afición de los propios monarcas por ciertos temas, actuó como espejo en el que se miraron numerosos nobles de la Corte. Y especialmente Felipe IV se caracterizó especialmente por el gusto al teatro y a la pintura. Rubens comentaría de su protector real "realmente disfruta enormemente con la pintura". Y esta atracción por el arte permitiría que el monarca se convirtiese en un gran coleccionista del siglo XVII, tan solo emulado por Carlos I de Inglaterra.

Velázquez y Rubens trabajaron en Palacio intensamente y a la vez aconsejaron al rey para la selección de obras. La tendencia al coleccionismo pronto surgió un rápido efecto. Desde el clan de Olivares hasta diversos nobles fomentaron el coleccionismo. La creciente afición de Felipe IV fue fomentada por numerosos regalos de cortesanos que deseaban un favor real. Destacaron el Marqués de Leganés, quien reunió en su palacio unas 1333 obras en tan sólo veinticinco años y Luis de Haro que obtuvo una gran colección de cuadros por medio de Alonso de Cárdenas, embajador español en Londres. Pintura que fue destinada en la decoración de El Escorial. porque " es un teatro a donde , continuamente van a parar todo el año tantos extranjeros, y lo admiran por maravilla tan grande" que reemplazaría la mala pintura por la buena. Y de este modo la sacristía y las dos salas capitulares se transformarían en un museo con piezas de Tiziano, Veronés, Tintoretto, Rafael, Rubens, Reni, Ribera y Van Dyck.

También de las filas nobles surgieron grandes coleccionistas como el Duque de Alcalá, el Duque del Infantado, el Almirante de Castilla, el Conde de Benavente y el Príncipe de Esquilache

Una vez más este fenómeno social tuvo sus raíces en la centuria de¡ quinientos. Pero fue en la siguiente cuando la opción de algunos pocos individuos escogidos, llegó a ser una necesidad para todo el mundo que aspirase a la fama y a la reputación. "En poco tiempo, los argumentos de las teorías humanistas del arte fueron aceptados y convertidos en dogma. Las artes, y en particular el de la pintura, fueron consideradas un estado superior de la actividad humana. Por esta razón se comprende que los grandes gobernantes requiriesen grandes colecciones de arte" (J. Brown, 96)

La conjunción de los intereses de ostentación grandilocuente de su superioridad socioeconómica de los grupos dirigentes con las sinceras inclinaciones hacia el mundo de la cultura, se verá reflejada de modo ostensible en la creación y conservación de obras de arte que con tanta admiración contemplamos en nuestros días. La erección de aquellos imponentes palacios, símbolos en muchas ocasiones de los movimientos más vanguardistas en arquitectura civil, constituyen quizás el testimonio más perdurable del esplendor de un grupo social que encontraba en el arte un vehículo de manifestación de su poder     luego su tapicería guarnecida de trofeos y banderas, significando ser ganadas por sus antecesores, edificando palacios, torres, iglesias, sepulturas, epitafios y letreros y a la redonda de sus escudos tanta guarnición de grebas, bufas, quijotes, yelmos, espadas y montantes, dando principio a casas y linajes que vemos en esta edad" (Isaba, M. de,102). Un poder que de esta manera también hallaba un instrumento eficaz de conversación y continuación en los esquemas mentales de aceptación de la superioridad de un grupo dominante.

En este último sentido, la literatura debe ser considerada como un mecanismo de perpetuación y en cierto modo de auto-defensa en favor de la clase dirigente. Una vez abandonada por la nobleza su primitiva función de las armas, se tiene que justificar de la manera más explícita posible su papel de élite dominante de la sociedad. Por medio de los escritos se intenta demostrar que los valores caballerescos siguen siendo plenamente vigentes. La novela de forma intencionada, propagandística, pretende en ocasiones presentar este tipo de valores típicamente nobiliarios como incluso fortalecidos con el advenimiento de los nuevos tiempos y la gestación del Estado Moderno (Maravall, 201) De una forma indirecta, la afición por la lectura de libros de caballerías durante el siglo XVI puede también ser considerada como muestra de ese interés de perpetuación del más puro ideal nobiliario.

Hay que resaltar que desde el mundo de los tratadistas y escritores surgieron desde finales del siglo XV la oposición ó crítica a la nobleza que abusa de sus privilegios para cometer toda clase de injusticias y desmanes. En la novela y el teatro, mucho más contestatarios y opositores al sistema dominante que la imagen de sumisión y conservadurismo que han pretendido muchos historiadores y críticos literarios, se clamaba también contra la falta de virtud y los excesos de la nobleza española, en general. Se tiende, con el beneplácito de la opinión popular (sus obras son siempre el fruto de lo que espera recibir y de alguna manera el catalizador de su sentir), hacia la disminución del papel excesivamente dominante que el estamento nobiliario pretende sustentar. Sin embargo, los valores nobiliarios siguen siendo los más auténticos. El mundo que muestran sigue estando inundado y protagonizado por elementos aristocráticos, tanto en las personas como en las formas, manteniéndose relativamente cerrado hacia otros estados y con el tono de desprecio por los humildes y servidores (Lasperas, 75).

Las críticas, frontales 6 veladas, no atacan al estamento nobiliario directamente. Nadie pretende la desaparición de la nobleza. Sólo se pide la revisión y el control de sus funciones (Maravall, 213). De esta forma, se conserva en lo esencial el fundamento básico de la existencia del orden nobiliario: la desigualdad. Al imponerse y perpetuarse los privilegios, fruto irremediable del orden social no igualitario, como una de las formas de convivencia, la cultura siguió conservando un tono eminentemente continuista. Era una cultura de reproducción del dominio aristocrático.

La nobleza española del Antiguo Régimen era un grupo dominante de la sociedad. Poco importaba la pérdida de su primitiva función , las armas, para que fuese considerada como una clase superior en la organización social. La persistencia de los esquemas mentales de desigualdad y jerarquización, y su expresión en la pervivencia de los privilegios jurídicos eran valiosos instrumentos que aseguraban una buena dosis de continuismo. La superioridad derivada de estas concepciones se veía plasmada en el orden político, económico, social y cultural; situación ésta que engendraba, a su vez, la firme apoyatura del infinito valor de la opinión ajena y del " parece ser". " No faltarían artes que con pretexto de honor y favor pudiesen remediar el exceso de las riquezas, poniéndolas en ocasión donde se consumiesen en servicio del príncipe y del bien público, pero ya ha crecido tanto la vanidad de los gastos, que no es menester valerse dellas, porque los más poderosos viven más trabajados con deudas y necesidades, sin que haya substancia para ejecutar pensamientos altivos y atreverse a novedades" (Saavedra, Empresa XV).

La nobleza ya que no podía seguir manteniendo su posición hegemónico debía asumir una nueva función social basada en el espectáculo y la pública ostentación. "El árbol cargado de trofeos no queda menos tronco que antes. Los que a otros fueron gloria , a él son peso, así las hazañas de los antepasados son confusión y infamia al sucesor que no las imita. En ellas no hereda la gloria, sino una acción de alcanzan¡ con la emulación" (Empresa XVU). Indudablemente, las ciudades ofrecían para ello un escenario inmejorable para que se transformase la vida cortesana medieval en unos centros humanísticos ó se fomentasen más las inquietudes artísticas y de embellecimiento de los hogares.

La asociación entre cultura y poder cuyo destino principal era la de alcanzar altos cargos burocráticos y a la vez obstaculizar el vertiginoso ascenso de los comerciantes enriquecidos a los puestos más apetecibles, pues " poderoso caballero don dinero" que abriría todas las puertas sociales que favorecía en cierto modo el ascenso de graduados cuyo "ánimo es más excelente que el cuerpo ..y por esta causa lo que por letras y ciencias ha subido en grande estado y fama como quiera que fuesen de muy bajo suelo y linaje, no debieron ser tenidos y reputados que los que se jactan y vanaglorian que descienden de nobles e ilustres padres" (Guardiola, J. de B., fol. 22). Movida de los nobles por conservar un control en el poder público que la define Gutiérrez Nieto como neoennoblecimiento. "Cuando la nobleza estuviera estragada con el ocio y regalo, mejor consejo es restaurarla con el exercicio y con los premios, que levantar otra nueva. Estímulo en la conciencia de pertenecer a una colectividad vieja y heroica en la cual en el pasado algunos consiguieron sobresalir y ser considerados como nobles y ser considerados como tales a través de una acción militar (Gutiérrez Nieto, 432).

Las cualidades de un buen cortesano debían centrarse en su habilidad con la espada, brillantez en los ejercicios distinguidos como la caza o la equitación, pero sin exhibiciones atléticas. Además, cuidará la danza, la música, el ingenio en la conversación y en la composición en prosa y verso, sobre todo para agradar a las damas -pues, comenta Castiglione, sin Laura no habría escrito Petrarca pero sin ser un literato, ni un humanista profesional "de lo humano aprenda lo necesario para saber conservar y aumentar sus utilidades y sus honras, para descubrir la ignorancia y apreciar la sabiduría, para no ser engañado del lisonjeo sofista, si aborrecido ó desestimado del verdadero sabio" (Lope de Vega, 10). Pero, lo más importante es que todo eso lo haga sin darle importancia, evitando la afectación " y, para decir quizá una nueva palabra, usar en todo un cierto desprecio, que esconda el arte y muestre que lo que se hace y se dice, se hace sin fatiga y casi sin pensar en ello".

También cuida Castiglione las calidades de la dama."para saber tratar con cualquier género de hombres honrados". Para ello la dama debería tener conocimiento de letras, de música, de pintura y de baile, "y traer, como es razón, a los que andan con ella de amores, acompañando siempre con una discreta templanza, y con dar una buena opinión de sí, todas aquellas otras consideraciones que han sido enseñadas al cortesano; y haciéndolo así, parecerá bien a todos hablando ó riendo, en juegos, en burlas, y en fin en cuanto hiciere".

"Maravillome -dijo entonces, riendo Gaspar Pallavicino que, pues dais a las mujeres las letras, la continencia, la grandeza del ánimo y la templanza, no queráis también que ellas gobiernen las ciudades, y hagan leyes, y traigan los ejércitos, y que los hombres se queden hilando o en la cocina (....) yo no he querido darles este cargo, porque mi intención es formar una dama, y no una reina... ¿No sabéis que en filosofía se tiene esta proposición, que los que tienen las carnes más delicadas tienen más sutil el entendimiento? Por eso las mujeres, por ser más delicadas de carnes, serán de entendimiento más sutil, y de ingenio más hábil para la especulación que los hombres" (Baltasar de Castiglione, El Cortesano, Trad. Juan Boscán, 1534).



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