J. Enrique Peláez
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Autor:
Murillo
Estilo:
Barroco
Fecha:
1668
Localización:
Museo de Bellas Artes de Sevilla
Datos
técnicos: Óleo sobre lienzo, 282 x 188 cm.
En el cuadro aparece la escena de un Nacimiento en donde Jesús rodeado
de su familia recibe la adoración de unos pastores a la hora de nacer. El
conjunto se complementa con una parte celestial en donde unos ángeles observan
el acontecimiento.
En la obra podemos observar las siguientes características formales que
la sitúan como obra barroca:
a)
Foco de luz que se irradia desde el Niño convirtiéndolo de esta manera en
parte esencial de la escena.
b)
Esta luz crea una serie de claroscuros en los personajes de alrededor que acentúan
el tono intimista de la obra.
c)
Naturalismo en los personajes tanto por sus caras (viejos, niños, calvos,
barbudos...) como por las ropas que utilizan (son pastores pobremente vestidos)
d)
Fondo de un paisaje del que se podría decir que es elaborado por medio del
esfumato de la escena, con el fin de no distraer la atención del tema
principal.
e)
Utilización de la perspectiva aérea que hace que la atención vaya hacia el Niño.
f)
Composición a base de diagonales que dan dramatismo a la acción.
Contextualización
de la obra en la producción artística del pintor:
Como características
propias del pintor podríamos hablar de la importancia de la anécdota (pastores
con su forma de vestir, tipos de edades, sexos, e incluso los detalles en las
ropas y pelos).
La obra se encuadra en una
etapa de madurez del pintor en donde trata de desarrollar todos los
conocimientos adquiridos.
ANÁLISIS
ICONOGRÁFICO DE LA OBRA:
La obra conforme a la tradición pictórica del Nacimiento que sigue la
descripción facilitada en el Evangelio[1],
nos representa el Nacimiento de Cristo en un pesebre (pobreza y renuncia a los
bienes materiales) junto a su Madre con la tradicional ropa roja (copartícipe
de la Pasión de su hijo) y manto azul (la esperanza en el cielo) y su padre
putativo representado como un anciano (circunstancia de la que no se tiene
constancia pero que se quiere así
hacer hincapié en la virginidad de María), rodeados por unos pastores (mujer,
viejo, joven, niño, es decir todas las edades, todos los sexos: Toda la
humanidad va a adorar el Nacimiento de Dios) que le adoran y traen presentes (la
caridad y el reconocimiento de la divinidad del nacido) y unos animales, el buey
en este caso, siguiendo de esta manera una tradición que surge en los relatos
apócrifos de la infancia de Jesús, y un gallo y un cordero, el primero se
constituiría en símbolo del animal que canta a la salida de un dios (en este
caso en lugar de ser Helios representado por el sol es Cristo), el segundo, el
cordero como símbolo eucarístico de la razón de ser de este Nacimiento. La
escena se complementa con un pequeño “rompimiento” en el que unos
querubines adoran la escena divina, tal es su función como hemos explicado en
el comentario de la primera obra.
La escena se sitúa en una dentro de una construcción pobre y derruida
inserta en un fondo oscuro e indeterminado que realza el tono intimista de lo
representado.
Significación
iconológica de la obra:
Como obra barroca que es, trata un tema religioso por excelencia, a través del cual se pueden llegar a descubrir una serie de valores religiosos como la pobreza, la caridad, la adoración de Dios, la humildad o la familia y otros valores dogmáticos como el Nacimiento de Cristo, la Divinidad de su persona (atestiguada por los ángeles que dan fe de esta manera de su doble naturaleza encerrada en una misma persona) o la Virginidad de su Madre, todo ello por medio de unos valores plásticos que tratan de conmover.
Proyecto Clío
[1] Lc, II, 7 y ss.