J. Enrique Peláez
enrique1719@hotmail.com
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Nombre:
La Trinidad
Autor:
Ribera
Estilo:
Barroco
Fecha:
1635-1636
Localización:
Museo del Prado (Madrid)
Datos
técnicos: Óleo sobre lienzo, 226 x 118 cm.
Aparece la imagen de un Dios padre sobre un fondo dorado recogiendo entre
sus brazos a Jesucristo que acaba de morir en la cruz portando todavía algunos
elementos de la Pasión, entre ellos se sitúa la paloma del Espíritu Santo. La
escena se completa con una serie de querubines que rodean el cuerpo de Cristo.
a)
Composición diagonal que busca de esta forma impregnar a la escena en su
conjunto de un movimiento creando una cierta inestabilidad, característica que
viene resaltada por la posición inestable de Jesús.
b)
Teatralidad, que se puede observar en el manto rojo del padre el cual llega a
convertirse como en una cortina que enmarca la escena, la posición que adopta
el Hijo muerto o la sábana ensangrentada acentúan el hecho.
c)
La utilización de colores intensos que hacen más llamativa la escena.
d)
Cierto tenebrismo en las sombras que rodean a los ángeles que contrasta
ampliamente con la blancura del cuerpo del Crucificado ayudando así a cargar la
escena de dramatismo
e)
Tratamiento naturalista del desnudo, así como de las manos del Padre.
f)
Solemnidad en los gestos del Padre que acentúa su valor dramático.
La Trinidad es uno de los Misterios del Cristianismo por el cual existe
un único Dios (una sola naturaleza - physis-) en tres personas (hipóstasis)
diferentes (Padre, Hijo y Espíritu Santo) existiendo entre ellos unas
operaciones íntimas y fecundas en virtud de las cuales el Hijo procede del
Padre y el Espíritu del Padre y del Hijo (sólo del Hijo según la teología
ortodoxa). Este concepto ha tenido diversas formas de representación a lo largo
de la Historia del Arte: Trono de Gracia, Antropomorfa, asociadas a escenas de
la Coronación de la Virgen o del Bautismo de Cristo, y del tipo Compassio
Patris, que es el que nos ocupa en estos momentos.
Esta tipología responde a un grupo en donde a modo de una “Pietat”
el Padre revestido con una capa roja (símbolo de la Pasión que acaba de sufrir
su Hijo) recoge el cuerpo inerte de
Cristo. Las fuentes literarias estarían por un lado en la Biblia, tanto en la
asunción de este altruismo por parte del Padre: “...Quiso Yavé quebrantarle
con padecimientos ofreciendo su vida en sacrificio por el pecado...”[3],
como en el ofrecimiento que de su muerte realiza Jesús al Padre Eterno:
“...En tus manos entrego mi Espíritu...”[4].
Y por otro estarían en los comentarios que a este respecto plasma en el siglo
XII San Buenaventura en su obra
Lignum Vitae cuando expresa la condolencia del padre ante su Hijo
ensangrentado.
Como fuente icónica se ha hablado de la posibilidad de que ésta se
encontrase en la obra del El greco, sin embargo, más bien pueda tratarse de que
ambos se inspiran en un precedente común que tal vez fuese el grabado de la
Trinidad de Durero (1511, Biblioteca Nacional) o de aquellos cuadros
directamente influidos por el citado grabado.
La obra por tanto viene dada por la figura de un Padre representado como
figura paternal mayor y de barba blanca (conforme a la tradición cristiana) a
quien se le ha sustituido la tiara de la obra de Durero por una aureola
triangular (símbolo trinitario por excelencia[5]),
La figura de un Hijo muerto que es recogido por el Padre tras la Pasión, de la
que se pueden observar una serie de elementos en el cuadro como la Corona de
espinas, la Sábana santa o sudario en donde fue envuelto Cristo, o las heridas
producidas por la tortura a la que fue sometido. Junto a ellos se situará la
paloma, símbolo del espíritu desde el Arte Paleocristiano. Y todos a su vez
serán rodeados por un coro de querubines que se dedicarán como es la función
para la que fueron creados[6],
a alabar la escena divina (en esto se diferencia de la obra de Durero que al
plasmar ángeles en vez de querubines éstos tendrán la función de portar los
elementos de la Pasión).
Significación
Iconológica del cuadro:
En un ambiente Contrareformista en el que prima la exaltación de los
dogmas católicos frente a las “herejías” protestantes, no es extraño
encontrarnos con este tipo de cuadro dogmático el cual por medio de la imagen
“enseña” a un público iletrado uno de los pilares de la teología dogmática,
circunstancia ya señalada en las últimas sesiones del Concilio de Trento. Pese
a ello es un tipo de Trinidad muy raramente representado al no ser del todo
aceptado por la Iglesia, ya que se piensa que la composición podría inducir a
error al tratar de ver en el sufrimiento del Padre unos sentimientos que no son
propios de su Divinidad, no obstante nunca se dio una condena específica a este
modelo tal y como ocurrió con otros tipos iconográficos como la Trinidad
Trifacial o la Trinidad antropomorfa.[7]
Otra de las significaciones que extraemos de la obra es el sentimiento
que la escena trasmite, escena encaminada más hacia despertar sentimientos de
compasión, esto es, lo que en palabras de Maravall sería más a conmover que
ha convencer de ahí el dramatismo y efectismo
de la composición para la cual se ayuda de unos elementos formales como
hemos indicado anteriormente.
Proyecto Clío
[1] Idea que podemos extraer de los estudios que Pérez Sánchez, Nicola Spinosa o Fernando Benito entre otros han realizado de este periodo, sirva como ejemplo la obra conjunta El Siglo de Oro en la pintura española, Mondadori, Madrid, 1991.
[2] Morán, Miguel, José Ribera, El Arte y sus creadores, nº16, Historia 16, Madrid, 1993, p.80.
[3]
Is. LIII,10.
[4]
Lc. XXIII, 46.
[5]
L. Reau, Iconographie de l´art Chretien,
PUF, París, 1956, t.2, p.18.
[6] Sebastián, Santiago, Contrareforma y Barroco, Alianza, Madrid, 1985, p. 315.
[7] Benedicto XV condena estos tipos de representación de una manera definitiva y resumiendo todas las anteriores condenas existentes en “De representatione Spiritus Sancti sub forma humana”, Acta op. Sedis, 1922, p. 103; citado por Enrique Dezinguer, El Magisterio de la Iglesia, Herder, Barcelona, 1963, p. 529.